FUERTE RETROCESO EN LA ACTIVIDAD MUNDIAL.

Como resultado de la pandemia generada por el COVID-19, se estima que el ritmo de expansión mundial experimente en 2020 una brusca contracción (-4,6%), con una inflación esperada bajo mínimos (1,7%). Si bien esta crisis afecta de manera desigual a todos los países, el confinamiento implementado, para aminorar la tasa exponencial de contagio del virus, ha destruido en términos generales gran cantidad de tejido productivo, elevando las cifras de desempleo y pobreza. Para el año 2021 se estiman tasas de crecimiento muy por encima de la tendencia, producto del efecto rebote y de las políticas económicas expansivas aplicadas para aminorar los efectos de la pandemia; no obstante, el alcance de la recuperación es incierta dadas las múltiples aristas de las que depende actualmente la actividad mundial.

DEBACLE EN LAS ECONOMÍAS DESARROLLADAS

La senda del PIB prevista para las economías avanzadas se ha revertido severamente producto de la pérdida de confianza en los mercados financieros y el repliegue del consumo, la inversión, los flujos del turismo y el comercio internacional. EE.UU ha sido el país desarrollado cuya población se ha visto más afectada por la pandemia y para aminorar la factura política, social y económica la Reserva Federal ha recortado los tipos de interés y reactivado su programa de compras de activos; a su vez el gobierno aprobó un conjunto de medidas de estímulo por valor de 2,7 billones de US$. Con todo, se prevé una caída del PIB del 5,8% en este año y una recuperación en forma de V para el año 2021.

MERCADOS EMERGENTES, LOS MÁS VULNERABLES

Dado el colapso de los precios de las materias primas, la volatilidad de los mercados financieros y de tipo de cambio, el bajo desarrollo de sus sistemas públicos de salud y de protección social, además de su alta dependencia del mundo desarrollado en términos de comercio y financiación, este grupo de países será el que afronte los mayores costes derivados del shock del COVID-19. La caída prevista del PIB es generalizada en 2020, con la excepción de China (+1,5%) donde tuvo origen la pandemia; sin embargo, las medidas de estímulo aplicadas en este país elevarán la tasa de crecimiento por encima del 8% el año próximo, hecho que repercutirá favorablemente en la economía global, dado el grado de importancia e interconexión alcanzado por el gigante asiático.

EL SISTEMA SANITARIO ES LA CLAVE

Desde el brote del COVID-19 las cifras, a escala mundial, sitúan en más de 9 millones el número de personas infectadas y en más de 460.000 el total de fallecidos. A los costes humanitarios se suman los derivados de las disrupciones en las cadenas de producción de bienes y en la prestación de servicios. Para revertir este panorama las medidas de contención deben orientarse a mejorar los niveles de confianza, a limitar los efectos adversos de la oferta y a impulsar la demanda, sin dejar de lado la prudencia fiscal y el riesgo soberano. Sin embargo, el alcance efectivo de estas políticas está condicionado, en última instancia, al fortalecimiento de los sistemas de salud y al avance efectivo de la inmunidad colectiva que soslaye la posibilidad de nuevos brotes significativos en la población.

 

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